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Reliquias de Hierro y la invitación a Miami

18 septiembre, 2010

Contraluz. Reliquias de Hierro

Me extrañó que no hubiera nadie del Gold Coast Railroad Museum a mi llegada al aeropuerto de Miami. Después de los primeros abrazos y besos de los parientes  que me esperaban, fui llevado por un familiar muy cercano a una fiesta de bienvenida que me había preparado en su vivienda, y un poco aturdido todavía escuché las primeras expresiones relativas a que mi viaje fuera sin regreso a Cuba.

Realmente, yo no hubiera querido ninguna fiesta. Aunque el viaje en avión es apenas 50 minutos, (la distancia de las costas entre Cuba y EU es de 90 millas), las diferencias entre las dos naciones hacen difícil la comunicación. No había podido dormir la noche anterior, lo que deseaba era descansar.

Cuando transcurrido algunos días por fin fui llevado al museo, después de mi presentación, allí se percataron que no era mi intención quedarme en ese país, comenzaron a dar largas y a posponer la apertura de mi exposición. Me resultaba extraño y difícil entender que primero fuera rechazado en la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en la Habana por ser un posible inmigrante, y en el museo, una institución norteamericana, la exhibición de mis fotos sería realizada de inmediato si me quedaba en ese país, mientras que de regresar a Cuba las cosas se complicaban.

Tuve varios encuentros donde fueron posponiendo la exhibición de mi trabajo. “Aproveche y visite a sus familiares”, me dijeron. Me explicaron que el museo recibe aportes de compañías y empresas, prácticamente todas relacionadas con cubano – americanos, y ellos necesitaban esas sumas para costear las actividades de la institución. Si yo regresaba a Cuba eso dificultaría la ayuda que ellos podían recibir.

En la Florida International University (FIU), donde también debía exponer según la misma invitación, también me ocurrió algo parecido. Allí esperaban a ver qué pasaba en el museo, para después planificar la exhibición en alguno de sus locales. Con diversas excusas me dieron largas y nunca precisaron una fecha.

Después de varios meses de posposiciones y espera, la directora del Golg Coast Railroad Museum me comunicó que mi muestra estaba cancelada. “Una propaganda negativa nos puede hacer más daño que el huracán Andrew”, me dijo. En una de mis primeros encuentros me había mostrado fotos de los hierros retorcidos y la devastación causada por ese meteoro a la instalación.

Nunca imaginé que no pudiera exhibir mis fotos, en su mayoría de locomotoras norteamericanas construidas entre los años 1843 y 1935, y que mi trabajo pudiera causar más devastación que un huracan. Se trataba de un tema no relacionado con la politica.

Luís Domínguez, profesor universitario con una impresionante colección de más de 400 equipos entre locomotoras y coches escala HO relativos al ferrocarril Suizo fue la otra persona –además de Orestes Perdomo- con quien tuve el placer de tener algunos encuentros y hablar de temas sobre el ferrocarril real y de modelismo ferroviario durante mi estancia en Miami.

    

De mis familiares cercanos, le excepción en cuanto a interés por estos temas fue la suegra de mi primo Fernando quien conservaba varios vagones de carga HO de cuando era niña, y al final de mi viaje tuvo la atención de obsequiármelos.

Luís Domínguez tuvo el detalle de regalarme una locomotora 2-8-0 escala HO de Bachmnan con tres coches de pasaje, y Perdomo, aunque solo nos encontramos personalmente una vez, prácticamente no nos conocíamos, pues me tenía reservado para la despedida un set de tren eléctrico HO de Model Power.

Fue muy grato apreciar la colección de L. Domínguez de modelos de los ferrocarriles Suizos  pues no me resultaba un tema ajeno, había viajado en ellos y otros los conocía por los museos que había visitado en mi viaje a Suiza apenas 3 años antes. No imaginaba conocer un cubano con una colección como esa en Miami, mientras la exhibición de mi exposición Reliquias de Hierro, algo que daba por seguro iba siendo pospuesta, y finalmente cancelada.  El no compartía lo que me estaba sucediendo, pero en definitiva no conocí a nadie que pudiera encaminar las cosas para que fuera diferente.

Lo que me ocurrió en Miami pudiera explicarse, ya que en esa ciudad prácticamente todo lo que se dice sobre Cuba es negativo. “La gente huye del comunismo”, “allí (en Cuba) no se puede vivir”, “allí no se puede hacer nada”, son expresiones frecuentes allá.

 Mi trabajo es algo hecho por alguien que vive en ese “infierno” y no se ajusta a lo que se dice sobre Cuba respecto a que alguien quiera regresar a su país, pues según algunos de mis parientes y otras personas que piensan como ellos “la gente se lanza al mar desesperada” para llegar a los Estados Unidos, la tierra de la libertad. Es cierto que en Cuba hay problemas materiales, escaseces, etc: No todo es una maravilla; tuve que enfrentar no pocas dificultades al hacer este trabajo y para organizar las exhibiciones en mi país, pero no es como lo que allí se decía, que todo lo de Cuba es malo. En Miami me decían que en la Isla no tenían ninguna libertad y que allí si eran libres, y resulta que fue Miami el lugar donde no pude mostrar fotos de un tema esencialmente norteamericano.

         

Es el único lugar donde han cancelado la exhibición “Reliquias de Hierro”. Allí no pude exhibir un ejemplo de un patrimonio que une a ambos pueblos, no pude hablar de las máquinas de vapor que todavía funcionaban, no conseguí una línea en un periódico ni un segundo en la televisión. Pero si me hubiera quedado, entonces sí hubiera tenido cobertura de la prensa escrita y la TV, y seguramente para lograr una apropiada aceptación hubiera tenido que hablar no precisamente de las máquinas de vapor y de su historia, sino de las razones para huir, escapar del comunismo, etc., pues prácticamente todo lo relativo a Cuba está politizado, tergiversado y manipulado. No se dice nada bueno ni regular sobre la isla.

Un familiar cercano, quien fue promotor de mi viaje, me estuvo presionando desde el instante de mi llegada hasta el último minuto en el aeropuerto antes de regresar para que me quedara. Eso nunca había estado en mis planes, nunca le pedí ayuda que no fuera para abrir mi exposición, lo que profesionalmente era mi principal propósito. Tampoco podía suponer que una institución norteamericana se prestara para algo que no fuera en serio. Claro que deseaba visitar y departir con mi familia y ciertamente recibí diversas atenciones, tuve encuentros en algunos casos muy emotivos por tantos años de separación familiar. Mi deseo era que este primer viaje me abriera el camino para posteriores visitas, y jamás me imaginé tener que discutir si me quedaba o regresaba, ni pude suponer que la exhibición sería cancelada. Mi familiar querido y cercano me confesó después que la invitación del museo fue como “un favor que le hicieron”. Jamás pensé verme ante tal engaño y humillación.

Ese familiar me decía que yo —que vivo aquí— no conocía la realidad nacional, pues en Cuba no se publicaba la verdad de lo que sucede en el país. Allá sí se sabía y no tenía que haberme dicho cuál era su propósito, pues yo tenía que habérmelo imaginado.

Mi familiar tuvo atenciones conmigo: Por ejemplo, me invitó a visitar Disney World. Le respondí que no era mi prioridad, tal vez cuando hubiera estado varias veces en los Estados Unidos me interesaría ver esa atracción que entiendo es parte de la cultura norteamericana; pero otros aspectos me interesaban más. “Pues no te voy a dar dinero para que vayas a los museos” -me dijo. “O vas a Disney World o no vas a ir a ningún lado”. De manera que no pude conocer otros museos ni ver exposiciones de modelismo. En cambio, fue en esos días que tuve la oportunidad de conocer a Orestes Perdomo, a quien solo he visto una sola vez y hasta hoy mantenemos una buena amistad, pues hay más motivos que nos unen que los que nos separan.

Cuando mi familiar cercano vio que iba a regresar a Cuba me dijo que dejaría de ayudarme económicamente –como lo había hecho anteriormente-, que en el futuro no podía contar más con su ayuda. De esa manera yo iba a aprender lo malo que era el comunismo. Así lo ha hecho casi por muchos años, pero la lección que aprendí es que había confiado en la persona y el lugar equivocado.

Lamentablemente, tampoco entre mis demás familiares había algún aficionado al modelismo ni interesado en las locomotoras de vapor. Mi primo Fernando Díaz me prestó su ayuda con su computadora en la preparación y traducción de los textos de las fotos que pensaba exhibir, pero en definitiva fue un esfuerzo baldío.

       

Pienso que de haberme relacionado con las personas correctas en otro estado, las cosas podían haber sido diferentes. A mi regreso a Cuba exhibí “Reliquias de Hierro” en otros lugares, como el Ministerio del Transporte, la Casa Canaria, el Museo del Ron o en la inauguración del Museo del Ferrocarril de Cuba.

Pero en el 2002, con el cierre y desmantelamiento de 2/3 de los centrales azucareros, incluyendo casi la totalidad que tenían locomotoras de vapor, ya no era posible verlas trabajando.

Esto me impulsó a dedicar tiempo al modelismo naval.

Ahora, gracias a este blog, he podido abordar los temas de mi interés y mostrar parte de mi trabajo sobre las locomotoras de vapor que no pude exhibir en aquella ocasión.

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One Comment leave one →
  1. Celio Moya permalink
    11 enero, 2011 0:42

    En realidad nada me sorprende de lo que relatas…cosas peores he escuchado.
    Me lo habias recomendado pero nunca lo encontré…hasta hoy que buscando una foto tuya…,
    lo lei ‘corriendo’ pues ‘conocia’ lo que escribias e imaginaba lo que habias pasado…
    Hay que volver a rebuscar en el significado de “libertad”, pues cada uno la interpreta a su manera.
    Tuviste libertad de decidir. Gracias por tu cronica!
    Y no olvides que aqui tienes otro amigo!

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