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Reliquias de Hierro y la invitación a Suiza

11 septiembre, 2010

 Con la introducción de las maquinas de vapor en los ingenios azucareros cubanos en la segunda mitad del siglo XIX, se había hecho necesario la llegada de mayores volúmenes de caña para alimentar esas fabricas de azúcar. De esta manera surge el ferrocarril cañero como solución, teniendo a la locomotora de vapor como elemento fundamental. Para finales del siglo XX en los campos cubanos todavía podían verse trabajando cientos de locomotoras de vapor de diversos tipos y en diferentes anchos de vía, en su mayoría con más de 70 años de servicio!

                                                           

   Después de presentar “Ferrocarriles del Ingenio” en Bayamo, por supuesto me propuse  continuar exhibiendo mis fotos y visitando otros centrales donde hubiera locomotoras de vapor para recoger imágenes de este patrimonio industrial. Poco después publiqué en la revista Sol y Son un trabajo sobre el tema, y prepararía nuevas colaboraciones para otras revistas.

No había pasado mucho tiempo cuando unos amigos suizos me contactaron. Ellos deseaban traer grupos de turismo especializado de su país, interesados en ver las máquinas de vapor trabajando, pues esa no era una atracción fácil de encontrar en otras partes del mundo. Mis fotos les sirvieron para preparar su primera promoción, y gracias a ellos pude ir a lugares que me interesaban y para los cuales no hubiera tenido transporte.

De esta manera conocí a Andreas Fournier, un aficionado suizo a los ferrocarriles, gracias a quien en 1996 recibí una invitación para llevar mi exposición a Suiza. De esta manera pude conocer el sistema ferroviario de ese país, sus museos y otros sitios interesantes, e incrementar mi modesta colección de modelos de locomotoras escala HO.

Entrada del Museo de la Aviación en Zürich

         

Boletos y foto del Día de las Puertas Abiertas de la fabrica de locomotoras de Wintenthur. Para ese día la antigua loco #7 !que se mantiene operativa! es llevada allí donde fue construida. Durante mi visita a Suiza construí un diorama con jaula de caña escala HO

Fue también la oportunidad de asistir a una exposición internacional de Modelismo en Berna, Model Hobby 96. Allí había una amplia muestra de modelismo aéreo, naval y ferroviario, de diferentes tipos y escalas, radio control, etc. Por primera vez veía una pequeña locomotora desarmada en piezas, variados modelos de trenes de vapor vivo hasta otros a escala gobernados por control digital, equipos de radio control, talleres en vivo mostrando cómo pintar un modelo, kits plásticos, barcos, aviones, helicópteros, autos, camiones, etc., de radio control, motores de aeromodelismo que iban desde antigüedades de diversas procedencias hasta los más modernos, revistas, libros y otros.

En Model Hobby 96 estaban representadas tiendas, fabricantes tanto de modelos como de materiales y herramientas, clubes y asociaciones con sus maquetas y dioramas, infinidad de revistas y libros dedicados al hobby, maquetas modulares, además de pulóvers, gorras, y otros souvenires. En fin, fue un inmenso placer ser uno más dentro del numeroso y variado público asistente a la exhibición aquel 28 de septiembre de 1996 en Berna.

La experiencia de mi viaje a Suiza sobrepasó mis expectativas al iniciarme en el tema de las locomotoras de vapor, trabajo que consideraba como un hijo, pues yo lo había concebido y gestado durante varios años, con varias exhibiciones en mi país.    

Así se reforzó mi interés por el modelismo y se elevó mi ”techo” de aspiraciones ante una probable visita a los Estados Unidos de donde procedía la mayor parte de las máquinas de vapor que había fotografiado; además, en esa nación tengo numerosos parientes. Era de suponer, que si en una nación europea el tema interesaba, en Norteamérica la atracción fuera mayor.

La Oficina de Intereses de los Estadios Unidos en La Habana había rechazado mi solicitud de visa con el fin de visitar a mi familia. Después de cada negativa hay que esperar un año para realizar una nueva solicitud. Tras ser rechazado por segunda vez, mi hermana me envió por iniciativa propia una certificación notarizada donde se comprometía a garantizar mi regreso ante cualquier circunstancia, para que presentara ese documento en la entrevista; pero eso no sirvió de nada.

Para los cubanos residentes en la Isla este rechazo es muy frecuente, pues los funcionarios norteamericanos alegan que somos posibles inmigrantes, aunque en mi caso nunca había estado en mis planes ir a residir en ese país. Realmente, después de mi primera solicitud de visa no hubiera insistido, pues era evidente que resultaría una pérdida de tiempo.

Muchas veces le había dicho a mi hermana —la principal promotora de mi viaje— que cuando recibiera una invitación mediante una institución cultural norteamericana, una galería de arte, un museo, etc., interesados en mi trabajo sobre los trenes, las cosas podían resultar diferentes, pues conocía de fotógrafos cubanos residentes en la Isla que de esa manera habían logrado la visa. Pero ella no había hecho nada en ese sentido, y ante su insistencia me presenté a las mencionadas entrevistas en dos ocasiones más, en las que también me rechazaron.

Durante los siguientes años, siempre que me era posible ir a nuevos centrales donde encontrar locomotoras de vapor, lo hacía ya fuera utilizando mis vacaciones o combinando algún viaje de trabajo de la revista. Pero algunas maquinas no pertenecían a la industria azucarera y quise incluirlas. En las siguientes exhibiciones adicionando estas nuevas fotos decidí que el nombre más apropiado para mi trabajo sería: Reliquias de Hierro.

Parte de mis modelos ferroviarios escala HO (1:87) Algunos los he prestado para su exhibición en el Museo del Ferrocarril de Cuba

     

La Junta, locomotora de vapor tipo 4-2-2 de 1843 la más antigua conservada en Cuba

Por fin, un buen día, después de haber trabajado durante siete años el tema de las locomotoras de vapor, recibí noticias de mi hermana, que por casualidad había conocido a una persona relacionada con un museo ferroviario de Miami; al parecer, ellos podían invitarme. Sentí una gran alegría y a la vez molestia, pues llevaba años diciendo que la forma de poder hacer el viaje era mediante una institución. Pero bien, más valía tarde que nunca.

Recibí la invitación formal del Gold Coast Railroad Museum de Miami, que incluía otra para exhibir mi trabajo en la Florida International University. Así obtuve el permiso de salida y la visa para viajar a los Estados Unidos.

Yo daba por seguro que mis allegados estarían orgullosos de este trabajo. Y que el viaje me resultaría una experiencia inolvidable.

Continuara…

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