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Ferrocarriles del Ingenio

10 septiembre, 2010

De niño los modelos de trenes me fascinaban, especialmente las locomotoras de vapor con carros de carga. Los coches de pasaje no me despertaban igual interés. Si tenían pasajeros dibujados en las ventanillas más bien los detestaba, pues me resultaba algo falso.

No conocía de escalas, pero los modelos que mejor reproducían la realidad me cautivaban: los Lionel y American Flying. Un tren eléctrico era mi máxima aspiración, más que un par de patines o una bicicleta. Igualmente me sentía atraído por los vehículos de control remoto por cable (por radio control no los había), los barcos con motor y los aviones. Me gustaban los juguetes con motor, operativos.

No lejos de mi casa en la ciudad de Cienfuegos había una línea ferroviaria por donde regularmente transitaba una locomotora de vapor halando un carro plancha con materiales para el cercano almacén de la planta eléctrica. La línea provenía de los muelles e iba por toda la calle hasta las puertas del almacén. Los muchachos, al aproximarse el sonido de aquella máquina, salíamos corriendo para verla —a cierta distancia—, con respeto, impresionados por su jadeo, el fuego en sus entrañas, el humo, el vapor y el sonido de su campana. Era un espectáculo fascinante, y un recuerdo que he guardado por siempre.

Mis primeras fotos de aficionado las hice a los 12 años, precisamente al visitar el central Hormiguero donde mi primo Pepito era maquinista de locomotoras de vapor que transportaban caña para esa industria azucarera. Montar en la cabina era un privilegio muy apreciado durante esas visitas.

Desde pequeño, casi todos los años tuve la suerte de tener como regalo de Día de Reyes un tren, pero siempre era de cuerda o batería. El ansiado tren eléctrico no llegaba porque estaba por encima del presupuesto de mis padres. Por fin lo tuve a los 13 ó 14 años.

Para esa época habían desaparecido los trenes eléctricos americanos Lionel y American Flying que antes eran exhibidos en las vidrieras de las tiendas. El modelo disponible entonces era más pequeño, muy bien detallado, fabricado por PIKO en la RDA; en la caja llevaba escrito que pertenecía a la escala 1:87 HO, lo cual no me decía nada.

A esa edad me atraían también los juegos de construcción para armar vehículos, puentes, etc., y di los primeros pasos en el aeromodelismo con algunos kits de planeadores de la RDA adquiridos en la tienda “El Aficionado”, en la calle Galiano, entre Concordia y Virtudes, en la Habana –ciudad donde nos habíamos trasladado-, pero a medida que aumentaban mis conocimientos y experiencia iba disminuyendo la oferta disponible. Al continuar los estudios de enseñanza media en una escuela interna me vi alejado de mis aficiones. Además, la tienda desapareció.

Estudié cine, basado en mi afición a la fotografía. Comencé a trabajar como camarógrafo en Cinematografía Educativa en la filmación de documentales de 16 milímetros dedicados a la enseñanza, trabajo me permitió viajar por toda Cuba. Visitaba escuelas, talleres, fábricas, o cuevas, lugares de interés histórico, económico o geográfico, y en ocasiones hasta realizábamos filmaciones aéreas.

       

    

El Servicio Militar me separó de este trabajo, y al concluirlo me trasladé a la revista Somos Jóvenes como fotógrafo, a la cual he dedicado más de 30 años de mi vida profesional.

En 1991, por razones de trabajo, tuve la primera oportunidad de viajar fuera de Cuba. Visité Paris, una ciudad encantadora que solo había visto en fotos y películas. Estuve en el Museo del Louvre, subí a la Torre Eiffel y quedé sorprendido por la modernidad combinada con la preservación de lo antiguo.

Allí comprendí por qué los turistas que llegan a La Habana retratan los autos norteamericanos de los años 50 que todavía circulan en la capital cubana y en el resto del país, pues en la capital francesa todos los vehículos eran modernos y los pocos que vi de época estaban muy cuidados, apreciados como un antique. En Cuba los viejos autos americanos son reparados una y otra vez, y gracias a adaptaciones y transformaciones interiores muchos siguen funcionando hasta nuestros días.

Al regresar estuve pensando en la idea de escoger un tema con el cual preparar una exposición personal. Me llamaban la atención los autos antiguos, pero otros colegas ya habían tratado el asunto, y cualquier turista que se acercara al Capitolio de La Habana los podía retratar. Era demasiado fácil.

Sabía que aún quedaban locomotoras de vapor funcionando en los centrales azucareros. Decidí escoger la temática ferroviaria, pues podía ser un buen motivo para el cual contaba con los recuerdos de mi niñez.

Para comenzar decidí ir a la ciudad de Bayamo durante mis vacaciones, en febrero de 1993. Allí mi buen amigo Lino Luis Valerino Cambar estaba trabajando en la creación de la Asociación de Fotógrafos de Bayamo. Contaba con su hospitalidad y colaboración para establecer contactos. El viaje podría servir para realizar algún conversatorio o intercambio con su grupo, aunque 1993 fue un año en el que el transporte se había deprimido considerablemente.

Después de conseguir el pasaje en avión y ya en Bayamo, visitar los centrales fue difícil: en muchos casos no había en qué moverse, tenía que coger “botella” en lo que fuera ( jeep, guagua, camión, tractor con carreta, etc). En el hotel Sierra Maestra pude resolver la estancia por tres días, el resto de la semana estuve en casa de mi amigo Lino.

  

Noel Viltres, miembro de la Asociación de Fotógrafos, me acompañó en algunas visitas a los centrales: los complejos agroindustriales azucareros José Nemesio Figueredo, Arquímedes Colina y Bartolomé Masó. Pero desde las primeras fotos quedé atrapado por el tema de las locomotoras de vapor. ¡Eran máquinas con más de 60 y 70 años trabajando sin parar! El contraste, las texturas, los motivos ante mi cámara eran fascinantes, y a la vez un reto al enfrentarme a un tema tan cubano como la industria azucarera y tan universal como las máquinas de vapor, las cuales significaron un gran avance en el desarrollo industrial en el mundo. Las chapas de bronce al frente o al costado de la caldera con los nombres de Baldwin, American, Vulcan y su numeración se me hicieron familiares.

  

Me surgieron muchas preguntas: ¿Cuántas locomotoras quedaban? ¿Cuál era su historia, ¿Quiénes habían sido sus fabricantes y qué había sido de ellos? ¿Dónde estaba la más antigua, la más grande? Y no me era fácil hallar respuestas.

Estas la fui encontrando poco a poco, en libros y revistas, indagando aquí y allá.

  

  

Para el año siguiente preparé la exposición “Ferrocarriles del Ingenio” y la llevé a Bayamo. Antes de su inauguración fui al Archivo Municipal para conocer datos del establecimiento del primer ferrocarril en la zona, lo cual fue todo un acontecimiento con la presencia del alcalde, banda de música y el pueblo engalanado. Los sombreros volaban por el aire entre vítores y aplausos…

Se me ocurrió que José Martí había escrito sobre el ferrocarril, y efectivamente, en sus obras se refirió varias veces a este medio de transporte, como cuando reseñó la exposición de material ferroviario de Chicago de 1884: “Allí estaba la rueda y la poesía de la rueda. Allí estaba la antigüedad que siempre es poesía”.

A la inauguración de la muestra en Bayamo asistieron, además de los habituales a las exposiciones y miembros de la Asociación de Fotógrafos, los obreros de uno de los centrales de la zona. Muchos de ellos no habían estado nunca en la Galería de Arte provincial. Ver allí las fotos de sus máquinas fue motivo de un orgullo muy especial, y para mí ofrecer un conversatorio sobre mi experiencia personal en la realización del proyecto, además de matizarlo con las notas históricas, fue una de mis mayores satisfacciones en la presentación de una muestra personal.

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2 comentarios leave one →
  1. 31 marzo, 2012 20:06

    ÉL, ESTÁ TOMANDO UNA FOTO EN UN COCHE WENDILGEN o MANDARINA, COMO LE DECIAN EN CUBA. ESOS COCHES FUERON APAGA FUEGO EN TRAMOS CORTOS OMO EN LARGOS DE LA HABANA, LO MAS CORTO QUE HACIAN ERA BATABANÓ Y MATANZAS, PUES IBAN A PINAR DEL RIO, SAGUA, CIENFUEGOS, CAIBARIEN, MORON Y SANTIAGO DE CUBA, TENIAN AIRE ACONDICIONADO, AGUA FRIA ALGUNOS TENIAN CAFETERIA OTROS COCINA Y TODOS LOS CONOCIAN POR EL SILBATO QUE ERA AGUDO Y GRAVE Y TODOS DECIAN AHÍ VIENE LA MANDARINA POR SU COLOR AL PRINCIPIO Y DESPUES LOS PINTARON DE VERDE Y SU CINTA PLATA.

  2. 2 octubre, 2014 16:21

    Hace dos años pedí de favor que si alguien tiene foto de estos coches wendilgen que en Cuba los apodaron Mandarinas por su color, y que tuvierton una trayectoria increible pues muchos cubanos tuvieron oportunidad de viajar en ellos, hasta el ultimo que circuló con motor el 2050, ojlá que alguien que lea esto y posea fotod de estos coches los pueda exponer porque eran unos apaga fuego lo mismo en servicio especial, primera o segunda o viceversa.

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